Benjamin Carrión, de Loja para el Mundo

No por nada la Casa de la Cultura Ecuatoriana lleva su nombre. Además de ser su fundador y principal promotor, le imprimió su esencia, aquella que la mantiene hasta ahora intacta y latente.

Hasta el último instante de su vida luchó por hacer del Ecuador esa “nación pequeña pero culta”. Benjamín Carrión es sinónimo de cultura y es palabra mayor en el mundo de las letras latinoamericanas.

Político, periodista, diplomático, escritor e intelectual, Manuel Benjamín Carrión Mora nació en Loja un 20 de abril de 1897, y estuvo destinado, como pareciera ser con la mayoría de los hijos de esta tierra al sur del Ecuador, a trascender en el mundo de las artes literarias, la política, la academia, la cultura, entre otras. Sin haber asistido a ninguna institución primaria, fue su madre, Doña Filomena Mora Bermeo, quien le enseñara sus primeras letras y le procurara sus primeros acercamientos con la cultura francesa – a través del idioma – que lo marcaría profundamente.

EL CAMINO DEL ILUSTRE

Benjamín Carrión siempre se destacó como un hombre innovador, dinámico y proactivo, atributos que plasmaría en sus obras literarias. Con un carácter multifacético muy propio que lo llevó desde ganar importantes reconocimientos como el Jazmín de Plata con “Romance antiguo” y La Flor Natural con “Confesión lírica”, en poesía; a colaboraciones en distinguidos diarios y revistas, hasta ocupar altos cargos en los distintos gobiernos e importantes plazas diplomáticas.

Una de las experiencias, quizás la que más marcó su ideología, fue cuando cumplió con el servicio diplomático como Cónsul en El Havre, Francia. Ya en el país galo, establece amistad con figuras importantes de Latinoamérica como Gabriela Mistral, José Vasconcelos, Alcides Arguedas y Francisco García Calderón; a más de personalidades del ámbito europeo como Miguel de Unamuno, Romain Rolland, George Duhamel, entre otros.

Ese pensamiento francés lo calaría profundamente, ya que en la Francia de mediados del siglo XIX abundaban una multitud de ideas que se lanzaban al mundo como manifestaciones de un moderno y provocativo propósito vanguardista, cuya misión era la de reinventar el arte en todos los sentidos.

Benjamín Carrión quería hacer de la América Latina, una patria grande unida por la cultura. Por eso, planteó la construcción de una práctica cultural y con ello otorgar un sitio a la cultura y a todo lo que ella implica como fenómeno de liberación social y política, humana y cultural; como una respuesta a una sociedad en un momento de descomposición y fracaso, y que además se encontraba encajada y en jaque por las limitaciones de los los patrones teóricos europeos y norteamericanos que él veía imperante superar. Su idea, y más que eso, su esperanza, era la de encontrar una vía de salvación para su patria, el Ecuador, y su patria grande, la América Latina, a través de la cultura. Él sabía que la cultura por sí sola no era suficiente para transformar Latinoamérica y el mundo, pero que era una de las varias aristas principales e indispensable para hacerlo.

Fue la misma Gabriela Mistral la que decía que nuestro Benjamín Carrión, ese del “último rincón del mundo”, en su tiempo ya pensaba en una América en unidad.

LA CASA DE LA CULTURA ECUATORIANA, SU MÁXIMA CREACIÓN

La Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) emerge como una necesidad de reivindicar la dignidad y la moral del país, golpeada tras la pérdida en el conflicto bélico con Perú en 1941.

Teniendo en cuenta el desafío que conllevaba esta reinvindicación, Carrión asumió la tarea que demandaba la ciencia, la literatura y el desarrollo artístico cultural del Ecuador de ese momento. Fue entonces que promovió la creación de una institución dedicada esencialmente a la cultura. En sus orígenes, la Casa de la Cultura se concibió como un proyecto de tintes académicos, del que formaban parte los más importantes intelectuales de la época y en el que las fronteras ideológicas se disolvían y propiciaban un diálogo profundo.

Poco a poco, la CCE se consolidaba como el centro del pensamiento intelectual y la creación artística del país. Desde allí, Benjamín Carrión, en sus años al frente de la institución, promocionaría a jóvenes escritores, tanto a nivel nacional como internacional, en especial de la generación de los años treinta, que lo veían como el modelo perfecto a seguir, en tanto a la trascendencia, mas no en cuanto a lo ideológico. Es por esta razón que aquella generación sigue considerándose hasta la actualidad como una de las más completas y de mejor calidad que ha dado el país.

Posteriormente, y un poco más indirectamente, Carrión, a través de la CCE, siguió promoviendo artistas –ahora también de otras ramas del arte– hasta convertirla, desde ese entonces y hasta ahora, en el lugar de encuentro entre los distintos actores culturales del país, haciendo realidad uno de sus anhelados pensamientos: “Si no podemos, ni debemos ser una potencia política, económica, diplomática y menos -¡mucho menos! – militar, seamos una gran potencia de la cultura, porque para eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia”.

Además de la matriz, ubicada en Quito, la CCE cuenta con 23 núcleos en todo el país, y uno de ellos habita, como no podía ser de otra manera, en el teatro que lleva su nombre, en su natal Loja. El Teatro Benjamín Carrión será una de las principales sedes, y que acogerá el acto de inauguración y la obra de clausura, de la tercera edición del Festival Internacional de Artes Vivas Loja 2018.

DATOS CURIOSOS SOBRE BENJAMÍN CARRIÓN

  • Fue el último de 10 hermanos.
  • A los seis años quedó huérfano de padre.
  • Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Bernardo Valdivieso.
  • En 1922 contrajo matrimonio con Águeda Eguiguren Riofrío.
  • En 1928, con prólogo de Gabriela Mistral, publica en París “Los creadores de la Nueva América”.
  • En 1929 publica la novela “El desencanto de Miguel García”.
  • A partir de 1950 mantiene una etapa de fructífera creación literaria con obras como:
    • San Miguel de Unamuno (Quito, 1954)
    • Santa Gabriela Mistral (Quito, 1956)
    • García Moreno, el santo del patíbulo(México, 1959)
    • ¿Por qué Jesús no vuelve? (Quito, 1963)
    • El cuento de la Patria (Quito, 1967)
    • Raíz y camino de nuestra cultura (Cuenca, 1970)
    • José Carlos Mariátegui, el precursor, el anticipador, el suscitador (México, 1976)
    • Plan del Ecuador (Guayaquil, 1977)
    • América dada al diablo (Caracas, 1981).
  • Muere el 8 de marzo de 1979, en Quito.