Sobre la invisibilidad del sufrimiento humano

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Un cuento, a modo de los antiguos contadores de historia, donde los abuelos eran los responsables por la enseñanza de su prole, es utilizado como instrumento de aviso de la fragilidad interior del ser humano, dentro de una grande analogía con la naturaleza “los cuentos son para los humanos, no para usted cocodrilo”. Todavía la introducción podría tener más fuerza, la empezó desde el público en una propuesta más casual.

Por medio de un monólogo, con delicadeza, fuerza en la proyección de la voz y expresión corporal, aunque muchas no justificadas en la propuesta, la actriz dominaba un pequeño espacio delimitado por una sala alternativa de teatro. Allí, una mujer, marcada por su dulzura y sufrimiento, compartía sus recuerdos y reencarnaba personajes de su propia historia de vida con utilización de máscaras.

El escenario, desconsolado, con tres focos de luz azul en el piso, representaba un gran rio, donde una canoa de madera compartía espacio con una cabeza de cocodrilo. La marcación de luz diagonal, en dos colores y espacios específicos, en momentos diferentes de la obra, crearon otros dos escenarios, en el imaginario del personaje. Blackouts eran utilizados para esta transición.

Sin embargo, la iluminación fue un recurso poco explotado y muy suave, para marcar los cambios de espacio y personaje. Aunque parezca creativo, el uso central del espacio sin alternancia de energía y lugar, mismo con el cambio de personajes, resultó un poco fastidioso.

El ambiente sonoro se componía del silencio, de los ruidos de la naturaleza; como río, viento y pájaros; y pista instrumental. Algunas veces, la actriz tropezaba en sus propias palabras, repitiéndolas y despertando el espectador de la magia. El abrir y cerrar de la puerta del teatro tres veces seguidas desvió la atención del público.

El vestuario de color neutro, obedecía la misma unidad de estilo de la canoa y la cabeza del cocodrilo. Una cinta roja en la cabeza quebraba el tono de tierra y representaba la lucha de la mujer que, aunque conformada con su historia intentaba buscar respuestas todavía perdidas. La utilería humilde, justificaba sentimientos como la soledad en la botella; los recuerdos fragmentados en los trapos de tela y la supervivencia en la red de pesca.

Una pizca de comicidad en una puesta en escena muy sencilla y llena de verdades sobre soledad, ingenuidad, abandono, cansancio, pérdida, baja estima. Los sentimientos de tristeza y alegría no tienen transición. Como una memoria que ya no la afecta más. La poca cantidad de matices y el flujo emocional resultó poco orgánico.

Sin embargo, al relatar sus anécdotas más dolorosas de una forma muy poética, muestra nuevas perspectivas de como enfrentan las personas sus vidas y cicatrices. En un mundo paralelo, la mujer tan resignada y creativa, cansa de su propia oscuridad. Su delirio es la búsqueda por algo que dentro de ella nunca murió, la esperanza. “Deliras mujer, deliras. Tus cuentos han hecho de mí una mascota” dice el cocodrilo, ya admitiendo no poder cómerla, remitiendo al clásico de las mil y una noches en el río de la canoera.

Carla Saul Garcia Marcelino

FICHA ARTÍSTICA:

  • Obra: LA CANOERA
  • Dirección: Augusto Enriquez
  • Puesta en escena: Augusto Enrique
  • Elenco: Delia Pin Lavayen
  • Música: (original) David Calero Pin
  • Vestuario: Mirian Murillo
  • Escenografía: Augusto Enríquez
  • Iluminación: René Chiquito
  • Sonido: David Calero Pin
  • Video: David Calero Pin
  • Textos: Della Pin Lavayen
  • Producción: Vozquejo Teatro
  • Fotografía: Darlan Garcés
  • Creación de máscara: Fernando Arboleda
  • La Casona (Loja) – 23/11/2018 – Festival Internacional deArtes Vivas