Sakura. Réquiem para Hiroshima y Nagasaki

Obra: Sakura. Réquiem para Hiroshima y Nagasaki
Keiin Yoshimura

La tercera reflexión que planteo es cómo afrontar la experiencia demostrada por Keiin, Yoshimura, que ofrece un espectáculo en donde de hay unos minutos iniciales en los que encontramos material teatralizado, sustrato de valor escénico  para poder hilvanar una opinión teatral, pero que inmediatamente se transforma a nuestros ojos y capacidades de análisis en una exhibición, quizás en una clase magistral de algunas técnicas ancestrales de los lenguajes escénicos japoneses, que culminaron al día siguiente en una sesión con público de la ceremonia del té, y ahí, todo estaba bastante más claro. Era lo que era, una ceremonia de quinientos años de existencia.

En cambio, en la parte final de este espectáculo las dudas se hacen gigantes. Porque se nos dice que la inspiración de la pieza es la atrocidad de las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, pero esto lo encontramos más o menos explícito al principio con audiovisuales que lo concretan porque después nos cuesta emparentar la acción de vestirse ayudada por una asistenta con unas cuantas capas de ropa, en un acto que dura más de quince minutos, en algo tangible y nos preguntamos: ¿cómo se debe interpretar?

Es importante, siempre, conocer de estas experiencias tan distantes de nuestra concepción teatral, acercarse a estas ceremonias, a estos ritos escénicos, pero en esta ocasión al crítico le cuesta, seguramente por desconocimiento profundo de las técnicas mostradas, considerarlo algo más que un precioso ejercicio, que nos naporta conocimiento.

Carlos Gil Zamora