Crítica a la obra Cómic

Por Percy Encinas C.

El mejor Lecoq goza de muy buena salud en el teatro ecuatoriano. Lo ha demostrado de modo contundente el grupo Imagino Teatro. Con Santiago Carcelén en virtuosa performance, bajo la codirección de Magdalena Soto, han producido un trabajo escénico original, fresco y pulcramente ejecutado. Le han intitulado Cómic porque es un homenaje a algunos de los pasajes más divertidos y arquetípicos del lenguaje de los dibujos animados, de esos clásicos que son parte de la cultura audiovisual de varias generaciones desde la difusión de la televisión en nuestros países.

El espectáculo despliega ocho cuadros antecedidos cada uno de un video de referencia de los cómics originales, a modo de introducción. Dudaba yo si esto era necesario puesto que el actor exhibe una gran solvencia y con solo la plasticidad de su voz, su cuerpo y su repertorio gestual  podría trasmitir lo que desea en cada secuencia sin ese recurso. Sin embargo, termino convencido que los breves introitos que hacen tránsito de un cuadro a otro, le aportan anclaje, sirven de anticipo climático y predisponen al público, ofreciéndole un auxilio de rápida comprensión de los códigos del arquetipo que va a desarrollar el performer.

El espectáculo descansa en una serie de aciertos, pero su dramaturgia ágil, que aprovecha con tanta efectividad los signos mínimos del cómic no fuera posible sin la poderosa versatilidad de Carcelén, quien usa técnicas del teatro físico, del mimo y del clown, haciendo gala de un dominio escénico potenciado por una simpatía desbordante así como por un amplio rango  expresivo capaz de producir imágenes, estados de ánimo, sonidos y matices innumerables que sobrecogen a los espectadores quienes prontamente, en la función que atestigüé, se rindieron ante él y ante su cautivador espectáculo.

Es cierto también que en todos los cuadros, unos más, unos menos, hay una apoyatura sonoplástica que envuelve la escena y marca a veces su ritmo del mismo modo que lo han hecho para la televisión las escenas y los personajes icónicos a los que remite: el correcaminos, el duelo entre cowboys (donde recrea la escena en modos rewind y slow camera), el pianista, Bugs Bunny o el bailarín de tap… cuadro final en el que, sin usar una sola palabra, hace intervenir al público en la demostración culmen de que ha establecido una comunicación clara y empática con aquel además de haberse ganado, con toda justicia, su voluntad y entrega. Fue una de las mejores horas vividas en este festival.

Percy Encinas C.