Barrio Caleidoscopio, de Carlos Gallegos

El espectáculo de Carlos (Cacho) Gallegos, escrito, dirigido e interpretado por él mismo, está centrado en Alfonsito, un personaje excéntrico kafkiano, lleno de temores existenciales generados por su medio y fomentados por su propia madre a quien no puede evocar sin estallar en llanto. En vez de arrastrarse como el personaje de Metamorfosis del escritor alemán, convertido en un insecto gigante, nuestro personaje literalmente atado a una silla presenta dentro de su también limitado movimiento la misma disposición de enfrentarse a un nuevo día y hacer sentido de su enfermiza pusilanimidad.  Pero en este caso es a través del humor que Gallegos logra introducir su atinada imitación de personajes idiosincráticos, con los que Alfonsito alterna en su imaginación, bien cimentados en este lado del Atlántico, ayudándonos a construir imágenes que se suceden sin dilación como si fueran parte de un caleidoscopio con el que se mira al mundo. En este sentido, los recursos histriónicos en el que se asoman depuradas técnicas de clown y de mimo, con connatos de comicidad al estilo de Chaplin, nos mantiene al vilo siguiendo los pasos de sus correrías mentales por el barrio.  Con voz aflautada, chasquidos constantes y extravagante gesticulación tanto de cara como de cuerpo, arranca exponiéndonos a lo grotesco y lo tragi-cómico que puede encerrar la cotidianidad con todos sus rituales, como es el arrancarse los pelos de la nariz con pinzas, o el usar una cinta dental y después olerla, para dar el paso al parecer transcendental de ir a la esquina a comprar “un pan, o dos, dependiendo del precio y de la economía mundial”.

La puesta en escena realza los claustrofóbicos confines de Alfonsito para quien enfrentarse a la puerta que lo separa del exterior representa el primer gran reto del día. Entre el “salir o no salir”, como si fuera la formula hamletiana, el personaje toma fuerzas para dirigirse directamente a la misma llamándola “desgraciada, infame, mala onda, puerta cara de ventana, puerta hija de la gran puerta…” El traspasarla para ir y volver de la tienda se convierte en la hazaña primordial, en el destino para el cual ha sido llamado. Pero su hambre no es tanto por los alimentos que pueda consumir (el pan, o los dos panes) sino por la falta de afecto, representado por el conmovedor como sutil encuentro con la tendera, o más bien con la mano de la tendera a la que roza por instantes que parecen siglos y cuyas secas y malhumoradas respuestas le suenan a frases amorosas.

Gallegos es un innato contador de historias y un cómico extraordinario, pero las risas que produce a duras penas camuflan los mensajes políticos y sociales detrás de su máscara. Hasta se podría decir que Barrio Caleidoscopio es una alegoría política sobre el contexto social que nutre su obra. Nada más evidente, por esta vía, que la transformación que la vida del barrio otrora apacible denota convirtiéndose en escenario de reyertas callejeras, venganzas que envuelve el ajusticiamiento de los agresores—los “amigotes” que actúan como si fueran pandillas—por la víctima quien hace justicia por sus propias manos. Hasta los vecinos expresan los cambios, Doña Margarita, la dueña de una cafetería, que “no sabe nada de nada”, por ejemplo, habla con propiedad sobre el calentamiento global. Invadido por la globalización económica no hay duda de que el capitalismo salvaje ha hecho que la soledad y el aislamiento del protagonista se agudicen. En medio de la era de la tecnología en que vivimos y el alto nivel de la comunicación que la complementa no pareciera que haya campo para los Alfonsitos en este mundo; sin embargo, la evidente complicidad de un público agradecido como el que compartió la obra con nosotros indica que los registros de una memoria colectiva como se da aquí tocan una fibra muy profunda de sensibilidad por la irreparable pérdida de lo que fue no hace mucho tiempo. Premiada en varios festivales y teniendo a su haber una trayectoria de más de diez años de presentaciones, no hay duda de que habrá Barrio Caleidoscopio para largo.

Beatriz Rizk